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una disfluencia con cuerpo y alma
TARTAMUDEZ
de Beatriz
Biain de Touzet
(288
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Durante mucho tiempo la
tartamudez ha sido un tema soslayado, incluso en el ámbito académico, ignorándose la compleja red de factores que inciden en este trastorno. La ausencia de bibliografía actualizada en lengua castellana ha dificultado la difusión del enorme avance alcanzado en el conocimiento de la
tartamudez, sus componentes fonológico, motor, cognitivo, linguístico y emocional. Este libro, producto de más de treinta años de experiencia en el diagnóstico y tratamiento de personas que tartamudean, intenta llenar ese vacío recogiendo los últimos, abordajes en
fonoaudiología. Hoy sabemos que la tartamudez se previene, se detecta tempranamente, se cura en los primeros estadios y se revierte más tarde si se interviene en la planificación del habla y en las actitudes personales ligadas al miedo, la
vergüenza y la tensión psíquica y muscular.
Beatriz Biain de Touzet realiza en esta obra una verdadera puesta al día, examinando cada uno de los aspectos que debe tener en cuenta el profesional: las diferencias en el procesamiento hemisférico-cerebral, su base genética, las dificultades en la construcción linguística del habla y el comportamiento sensorio-motor de la musculatura relacionada con ésta.
Tartamudez... no se limita a la mera descripción sino que propone vías para la recuperación del niño preescolar y escolar, el adolescente y el adulto. Recuperación en la que desempeñan un papel fundamental los grupos de ayuda mutua de personas que tartamudean, y en la que el trabajo con el cuerpo, considerado como sostén expresivo y comunicativo de la palabra, ha revelado también su enorme valía.
Es de esperar que este libro contribuya a abrir un campo de debate y difusión, ya que concierne a la sociedad toda desterrar los estereotipos de vieja data para dar paso a una adecuada comprensión del fenómeno de la
disfluencia. [pedir]
Indice del Contenido
Agradecimientos
Prologo
Capítulo 1. Fundamentos neurofisiológicos de la tartamudez. Una perspectiva clínica
1. El habla y los cambios de activación hemisférico-cerebral
2. El habla y los procesos sensorio-motores
3. El habla, los procesos lingüísticos y el esfuerzo mental
Capítulo 2. Intervención temprana en las disfluencias
1. La fluidez y su equilibrio
1.1. Disfluencias normales o errores normales de la fluidez
1.2. Entrenar a fonoaudiólogos en escuchar
1.3. Formas de prevención
1.4. Estadio fonológico de simplificación
2. Modelo de Demandas y Capacidades (W. Starkweather)
2.1. Capacidades para el lenguaje fluido
2.2. Demandas para el desarrollo del lenguaje
2.3. Demandas en la estructura del lenguaje
2.4. Análisis bidireccional de la interacción (S. Meyers)
2.5. Rol de los padres como modelo y estimuladores de la fluidez
3. Continuidad del comportamiento disfluente (H. Gregory)
3.1. Disfluencias más frecuentes
3.2. Disfluencias menos frecuentes
Apéndice: Cuestionario para padres
Capítulo 3. El preescolar que tartamudea
1. Evaluación del lenguaje: fluidez-disfluencia (Beatriz B. de Touzet)
Muestra de interacción familiar
2. Conciencia de la tartamudez y su significado durante el tratamiento
3. El programa de Susan Meyers
3.1. Criterios generales del tratamiento
3.2. Etapas del tratamiento
3.3. Trabajo con los padres durante el tratamiento
3.4. Desarrollo del tratamiento
3.5. Trabajo con el medio social
Apéndice: Algunas indicaciones para la familia y los docentes
Capítulo 4. El escolar que tartamudea
1. Evaluación de la disfluencia escolar (compromiso cognitivo, lingüístico y sensorio-motor)
2. Desarrollo del tratamiento en etapa escolar
3. Aprender a escuchar
4. Boletín de Recuperación
5. Entorno escolar y familiar
6. Habilidades sociales
Apéndice: Derechos del niño que tartamudea en la escuela
Capítulo 5. Evaluación y análisis objetivo de la tartamudez
1. Análisis Sistemático en el adolescente y en el adulto
2. Pasos a seguir en el Análisis Sistemático del síntoma verbal de la disfluencia
3. Síntesis del Análisis Sistemático de las Disfluencias
4. Registro corporal
5. Evaluación de las actitudes
Capítulo 6. El cuerpo en los aprendizajes y en las disfluencias. Aportes del hemisferio cerebral
derecho
1. El cuerpo y los aprendizajes
2. El conocimiento del hemisferio cerebral izquierdo
3. El conocimiento del hemisferio cerebral derecho
4. Guía para estimular funciones del hemisferio cerebral derecho
5. El cuerpo y las disfluencias
Apéndice: Experiencia corporal dentro del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano
Capítulo 7. El adolescente que tartamudea
1. Conocimiento acerca de la tartamudez
2. Conductas de cambio y procedimientos que facilitan el habla cómoda
3. Tratamiento y planificación del habla. Situaciones sensibles y actitudes del habla
Apéndice: Descripción y consideraciones terapéuticas acerca del cluttering
Capítulo 8. El adulto que tartamudea
1. La cronicidad de la disfluencia
2. Distintas propuestas terapéuticas
3. La tartamudez oculta o subperceptual
4. Evitar evitar
Apéndice: Secuencias de tratamiento
Capítulo 9. Grupos de ayuda mutua
1. El sentido de la ayuda mutua
2. Grupos de ayuda mutua en tartamudez y cambio en la actitud frente al habla
3. Guía para coordinar grupos de ayuda mutua
4. Derechos y responsabilidades de las personas que tartamudean (ISA)
Apéndice: Testimonios
Capítulo 10. Perspectivas futuras
1. Algunos lineamientos para trabajar en disfluencias
2. Qué hacer y qué no hacer en tartamudez
3. Igualdad de oportunidades para las personas con capacidades diferentes. El aspecto
institucional
4. La relación entre los profesionales y las personas que tartamudean: ¿integración o
competencia?
Dónde consultar
Bibliografía
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problemas
y prejuicios que
enfrentan los tartamudos en Argentina
PALABRAS
CRUZADAS
por Horacio
Cecchi
(publicado
en Página12, agosto de 2001)
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Viñetas de una vida en saltos: en la tira
Poliladron, Diego Peretti actuaba como el Tarta. El rol no estuvo mal. El error, o desliz, pasaba a su alrededor. Cuando
el Tarta hablaba ocurría lo que en la realidad nunca pasa: tartamudeaba y sin embargo lo miraban a los ojos, cosa recomendable pero jamás cumplida. Más viñetas. Durante las entrevistas que mantuvo este diario, sostener la mirada y no completar frases interrumpidas fue un ímprobo ejercicio para el cronista. No fue el único. El primero fue lograr concertarlas. Los contactos se fueron frustrando por un solo motivo:
la tartamudez es un padecimiento privado que se sufre en público. Pero de los 700 mil tartamudos del país –según cifras de la
Asociación Argentina de Tartamudez–, no más de dos deben estar dispuestos a hablar de sus problemas al hablar, y menos para un medio periodístico. La
AAT abrió una inmejorable oportunidad para despacharse de problemas, prejuicios y técnicas: en mayo próximo realizará el primer congreso latinoamericano dedicado al tema. Minucias de color: un
tartamudo demora diez veces más en expresar una idea. En las facturas de teléfono se nota. En Europa, las telefónicas redujeron las tarifas de los tartamudos. Acá, cuando desde la
AAT les piden el mismo descuento, los que tartamudean son los funcionarios.
Hasta la última década del milenio pasado, cuando una madre preocupada llevaba a su hijo de tres o cuatro años al pediatra y le decía “me parece que tartamudea. A veces no termina de decir algo y se traba, y hace fuerza para hablar”, el médico le respondía: “Es común, señora, no se preocupe. Ya se le va a pasar”. Hoy, alrededor de
700 mil tartamudos –según la
Asociación Argentina de
Tartamudez, el 2 por ciento de la población sufre el problema– son mudos testigos del consejo. Y lo de mudos no es gratuito: en el 95 por ciento de los casos, la tendencia es a ocultar el problema, que reside nada menos que en el habla.
En realidad, la tartamudez tiene un origen aún difuso. Hay cierto debate de los especialistas. Hay quienes sostienen que la cuestión es localizable físicamente y otros que afirman que en el cuerpo es donde se ponen trabas de otra índole. En la
AAT, hegemoniza la primera posición. “En los años 90, en Francia, se cambió la perspectiva con un estudio muy profundo sobre el sistema motor del habla”, sostiene
Claudia Díaz, fonoaudióloga especializada en el tema e integrante de la
AAT en el área de prevención y difusión. “Se realizaron cientos de tomografías cerebrales en pacientes con
disfluencia (nombre técnico del tartamudeo) y pacientes sin ella. Se determinó que en los casos de
disfluencia había una disminución en el bombeo de sangre al área motora del habla, en el hemisferio izquierdo. Y que el hemisferio derecho es el que reemplaza la función, con un sobreesfuerzo.”
“En la actualidad –agrega Graciela Fiocca, también fonoaudióloga especializada e integrante de la misma área–, la detección temprana, hasta los 6 años, es solucionable. Después, no. De todas formas, con diferentes ejercicios se puede sobrellevar el problema. Lo que más importa es que la vida no se detenga.”
¿Cómo se descubre, o mejor, cómo lo descubren los padres? Signos de tensión, el chico empuja las palabras, repite más de tres veces una misma palabra. “Hay chicos que no repiten, pero lo manifiestan de mil formas –describe Díaz–: golpean el puño en la mesa, otros se dejan blancas las rodillas de tanto pegar contra la pared, se enfurecen, se les tensa el cuello.”
Darse tiempo...
Miriam se llama Lobato, no oculta su apellido. Tampoco se esconde de su
tartamudeo. Lo expone, lo impone al otro. “Hablar bien –pregunta–. ¿Qué es hablar bien? ¿Quién habla bien?” Y es notable lo que ocurre entonces: ella y su
tartamudeo desaparecen y ahora es su interlocutor quien se escucha en sus propias imperfecciones.
Miriam ingresó a los grupos de autoayuda de la
AAT como una más, empeñada en curar de una buena vez sus trabas. Ahí dentro supo que la cura no es la cura sino aprender a convivir con su tartamudeo. Después fue propuesta como coordinadora –está al frente de tres grupos–. Y es vicepresidenta de la asociación.
No fue fácil acceder a la entrevista. En Miriam se concentran dos particularidades resumidas en una: es vicepresidenta de la
Asociación Argentina de
Tartamudez. Y es tartamuda. “Prefiero no hacer un show de todo esto”, confesó primero. Finalmente, aceptó el riesgo aclarando: “Antes no hubiera hablado para una entrevista con alguien que no conociera”. “Antes” en la vida de
Miriam significa toda su vida hasta su ingreso a los cursos de autoayuda de la
AAT, hace un par de años.
“Antes, en mi casa si sonaba el teléfono, miraba a todos lados buscando si había otro, mi mamá, mis hermanos. Quería que atendieran ellos. Si no había nadie, no había remedio. Pero tardaba mucho en levantar el teléfono.” Para evitar el engorroso trámite, sin darse cuenta, fue poniendo en práctica un giro que suavizara su tartamudeo: “Usaba el ‘Sí, hola’. Empecé a atender así, me resultaba más fácil”.
“No es que estuviera recluida. De chica hice danzas, natación, me mandaban a la colonia. En mi familia me apoyaban y mi mamá quería que de alguna forma estuviera relacionada. En esos grupos a lo mejor no hablaba, pero me relacionaba a través del juego. Ahora, con el entrenamiento y los conocimientos que tengo, me parece mentira que a los 15 me hubiera animado a dar clases de catequesis. Hacía mucho esfuerzo por hablar. Después, claro, terminaba en la lona.”
Miriam está convencida de que para los tartamudos el tiempo y los otros son un dilema. “La actitud del otro influye. Si te pide que hagas todo rápido, si te exige y te impone su velocidad, y quedás pegado, no hay forma que puedas resolver nada. Pero yo pregunto: el otro, ¿por qué tendría que saber lo que es la
tartamudez? Mucho del problema tiene que ver con que los otros no están informados. Y mientras nosotros no lo digamos, no pidamos cosas, no vamos a ser reconocidos.”
Coordina tres de los siete grupos de autoayuda que existen en el país. “Es un lugar para compartir experiencias.” Reconoce que la mayor parte empieza como empezó ella: “Creyendo que el grupo me va a curar. Pero todo es de a poco. Hay que darse tiempo para pedir tiempo, hasta para decir fuera del grupo que estás en el grupo. A mí me pasaba que empecé sin decir nada a mis amigos de afuera, hasta que empezaron a preguntar qué hacía a determinadas horas que nunca estaba. En los grupos, aunque parezca mentira, una de las cosas que más cuesta es hablar frente a frente con otros
tartamudos: a nadie le gusta verse reflejado en el otro. Después, terminás escuchando que uno, pasado un tiempo, empieza a darse cuenta de los cambios y un buen día se aparece eufórico, diciendo: ‘Hoy me animé a hablar por teléfono. Era el cumpleaños de un amigo y lo llamé para saludarlo’. Algo tan insignificante para cualquiera, para nosotros es un éxito”.
Un día después de la entrevista, sonó el teléfono del cronista. Era ella. Hablaba por encima de sus miedos, en su papel de vicepresidenta, para pedir encarecidamente si se podía mencionar que el 7 de setiembre, en la sede de la
AAT, se realizará el primer encuentro de personas que tartamudean.
Sin apoyo...
En el país, el abordaje especializado de la tartamudez es reciente: la asociación tiene apenas cinco años. Fue creada por
Beatriz Touzet, una especialista muy reconocida en el exterior. Tanto que en el último congreso internacional, realizado el mes pasado en
Bélgica, asistió invitada especialmente después de un pequeño problemita: la
AAT no encontró apoyo de ninguna clase desde el Gobierno. Cuando los organizadores se enteraron de que no asistía por problemas económicos,Touzet empezó a recibir mails de todo el mundo, incluso desde
China, sorprendidos por la falta de apoyo. El apoyo interno no lo consiguió, pero
Touzet recibió algunas facilidades desde el exterior. Era la única representante argentina, frente a delegaciones de entre 5 y 10 personas por país.
La falta de apoyo no sólo es oficial. También privado. Mientras que en Europa las telefónicas reconocen un descuento en las tarifas de los
disfluentes, en Argentina las tratativas avanzan con interrupciones y repeticiones: “Llame de nuevo la semana que viene”, o “el encargado salió del país y vuelve en 15 días”, son las respuestas más comunes, desde hace un año al menos.
Según las especialistas, quien tartamudea organiza interiormente una estrategia para resolver el problema. Estrategia que no significa solución sino intento: la verborragia que disimula la repetición; el uso de determinados giros más solubles para el parlante. Algunos hasta se cambian el nombre porque les sale más fácil, o sencillamente se recluye y habla lo menos posible. “El problema, que para nosotros es de origen físico, después se interrelaciona con el ambiente, la familia”, asegura
Fiocca. “En general, cuando son chicos, en sus familias hablan todos juntos, en voz alta, no lo respetan para hablar, y cuando encuentra el espacio lo apuran. La respuesta es que se traba, no puede poner su idea en palabras.”
La burla indiscriminada, el estigma fijado en el apodo de Tarta son los ejemplos de respuestas más crueles de una sociedad donde la repetición es un hábito, y no sólo en el habla.
Tartamudeos políticos y ajustes reiterados son una pequeña muestra. “Buena parte del problema es que la sociedad no sabe de qué se trata”, dicen
Fiocca y Díaz. El Primer Congreso Latinoamericano de Tartamudeo y Encuentro de Personas que
Tartamudean, a realizarse entre 12 y 16 de mayo de 2002, es un intento de la
AAT por hacer público aquello que se ve, pero se oculta.
Viñeta verídica de cierre: “Una mujer llamó a un veterinario para que viera a su gato enfermo –relata
Díaz–. El especialista era disfluente y cuando quiso explicar qué pasaba, empezó a
tartamudear. Terminada la consulta, la síntesis lograda por la mujer consistió en seis palabras a su hija: ‘El tipo este no sabe nada’”.
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Alberto
y su pelea contra el tartamudeo
UN NUDO EN
EL CUELLO
por Horacio
Cecchi
La condición de la entrevista era aparecer con su nombre cambiado. Entonces, Alberto no se llama Alberto, pero tiene “la traba”, como llama él al argumento de sus preocupaciones. “Querés decir algo y se te aparece un nudo en el cuello, un nudo que sube desde abajo y que cuando querés decir esa palabra que pensabas decir, no podés... no podés, y empezás a dar rodeos, se te viene la traba y terminás diciendo otra cosa que la que querías.” Se reconoce como “un tímido”, “un marginal” en el sentido real de quedar al margen. Y marginal, porque como repercusión de su “traba” pasó su adolescencia recluido en la calle, robando y huyendo, sin necesidad de palabras. Estuvo preso en Caseros. Poco tiempo, pero el suficiente. Al salir, la misma “traba” que lo marginó fue el argumento que modificó su vida. Sigue con su misma voz, pero aprendió a convivir con su renguera fónica: desde hace unos años comenzó a abrirse al mundo. Dirige una revista y estudia psicología social.
“Yo no sé si soy tímido porque tengo la traba, o tengo la traba porque si soy tímido me viene como anillo al dedo”, dice Alberto. Habla pausado, sin levantar la voz. Cada tanto con sus dedos pellizca sus cejas. Se pregunta por qué la voz y no un problema en el tobillo, “ahí donde no se vea”.
Emparenta el tartamudeo con el asma. Para Alberto, en ambas hay “algún trasfondo psicológico”. “Es como si tuviera dos palabras que quieren salir al mismo tiempo por el mismo agujero.”
Para él, el espacio y el tiempo son dos coordenadas que se tocan en su tartamudeo. Espacio, porque “defender el propio era imposible”. Tiempo, porque “a partir de que tomé conciencia de que tengo un tiempo distinto, empecé a ver las cosas de otro modo. Todo pasa por tenerse respeto a sí mismo, a respetar el tiempo
propio. El problema es cuando quedás atado a los tiempos del otro, que se supone que te exige que digas tus cosas rápido y bien y al mismo tiempo estás escuchando una voz que te dice que sos un tarado que cómo que no podés hablar y cada vez es peor”.
La preocupación de Alberto por el espacio propio tiene sus bemoles: “En la escuela primaria tenía una maestra que sabía que yo tartamudeaba. Cómo no iba a saberlo. Y la hija de puta siempre me elegía para pasar al frente a dar oral. Yo, por supuesto, me trababa y delante de todos ella me decía ‘pe... pe... pero por qué no terminás de una vez’. Los chicos son crueles, inventaban cantitos, y en mi casa las únicas alternativas que daban eran ‘pegales’ o ‘ya va a pasar’”. Buenos recuerdos. ¿Habrá que preguntar por qué empezó a escapar de la escuela?”.
Después llegó la calle, un mundo marginal, pero mundo al fin, con sus propias leyes. “Tenías una bandita en una esquina, otra en la otra. No se tocaban las zonas porque si no había pelea. Yo no estaba ni en una ni en la otra. Circulaba en los aledaños, como un renegado. Era el perdedor de los perdedores. Es raro, pero eso me salvó. Porque si sos de los perdedores no estás obligado a llevar un arma. Igual, para robar no hacía falta hablar demasiado.” Alrededor de los veinte años cayó preso. “Fue el infierno”, recuerda. De todos modos, en Caseros los espacios no se ganan con discursos.
El clic vino después. “Fue un desafío terrible. La misma traba fue el motor que me impulsó a mejorar. Empecé a estudiar psicología social. Ahora, en los exámenes, me tengo que sentar con un micrófono delante de 150 personas. Es verdad que estudio mi libreto antes, pero igual es un enorme desafío.”
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¿cuáles
son las estrategias de famosos para enfrentar el problema?
Los susurros
de Marilyn
por Horacio
Cecchi
Lo rodea un cardumen de micrófonos, grabadores, cámaras de televisión. Todos expectantes por la gran definición. Esperan su palabra, la posición oficial sobre el grave conflicto fronterizo. El país está pendiente del conflicto. Los movileros están pendientes de él. Echa una mirada con aparente displicencia a su alrededor. Aparente, porque lo que ve no son
movileros, ni cámaras, ni grabadores, sino máquinas atroces que lo apuntan, exigen su palabra de inmediato, encarnan a la sociedad entera. Hace una pausa mientras toma aire, vuelve a mirar alrededor y dice: “De a uno”. Recién entonces el
ex ministro argentino habla. No es el único. Churchill estudiaba sus discursos,
Demóstenes se cubría con oratoria. Marilyn, nada menos que ella, hablaba entre susurros para no quedar al descubierto. La
tartamudez no respeta fronteras, también la sufren los famosos.
¿En serio? es la respuesta más usual y desnuda dos suposiciones absurdas del imaginario colectivo: por un lado, la incólume esencia del ser público. “Robarán, serán corruptos, millonarios. Pero
tartamudos, imposible.” La segunda revela la concepción de la
tartamudez como un estigma no aplicable a los famosos, bajo el concepto silogista de que una de dos,
ó tienen problemas ó son famosos.
Pero que los hay, los hay. Sufren el problema en diferente grado y cada uno establece su estrategia para escurrir el defecto.
El premio anual de la
AAT se llama Jorge Luis Borges. Está dirigido a aquellos que se destacan en su actividad haciendo pública su
disfluencia. El primer premio fue adjudicado al filósofo
Tomás Abraham. La carrera de Filosofía era una meta a vencer: aprender sobre el pensamiento y transferir sus conocimientos a los demás. Crudo objetivo para alguien que se sabía tartamudo. Así como la elección de la carrera de
Abraham no fue casual, la del nombre del premio tampoco.
Borges no ocultaba su tartamudez. “Estaba por encima del problema”, sostienen en la
AAT.
El ex canciller mencionado más arriba sufría el mismo problema. No estaba por encima, como
Borges, pero había adquirido algunas destrezas ante la presión de las cámaras: sólo elegir un interlocutor, marcar su propio tiempo y cubrir con una espesa niebla al resto. La estrategia de
Winston Churchill, por la que habrá derramado sangre, sudor y lágrimas, consistía en elegir cuidadosa y metódicamente para sus discursos las palabras que no lo comprometieran ante la multitud.
Marilyn Monroe, su imagen sólo tocada por intrigas y tragedia –como corresponde a una figura mítica–, supo envolver con misterio y sensualidad sus dificultades al hablar: susurraba para ocultar. El padre Luis Farinello no susurra, pero en varias entrevistas reconoció que se había incorporado al sacerdocio imaginando que allí dentro podría pasar más desapercibida su
tartamudez. Curiosamente, las pulsiones llevaron al hombre a tener una voz pública.
Un locutor argentino, que ocupaba las pantallas hace más de dos décadas, hubiera provocado la sorpresa. Sí. El también. ¿Locutor? ¿Cómo es posible? El desafío por un lado y las estrategias por el otro lo hicieron. Su secreto: hablar rápido, tan rápido como para que la trabazón pase desapercibida. Se dice que también
Demóstenes y Moisés eran tartamudos, aunque la historia suele borrar rastros. Sobre
Moisés podrían interpretarse algunos pasajes de la Biblia como documento: por él hablaba su hermano
Aaron. Sobre Demóstenes, el vestigio más actual es su homónimo, el minino tartamudo de “Don Gato y su Pandilla”.
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Experiencia en un hospital
Un tratamiento intensivo que se practica en pocos países y que tiende a lograr resultados a corto plazo para personas tartamudas empezó a implementarse
en el Hospital de Rehabilitación Manuel Rocca, del barrio de Floresta, por un equipo que encabezan
Lucía Martínez Echenique y Laura Busto Marol. El plan, que se desarrolla también en EE.UU., Canadá y Australia, plantea un esquema intensivo: los pacientes asisten cuatro horas diarias durante dos semanas a actividades individuales y grupales. “Nuestra tarea –dijo
Martínez Echenique– es que la persona disfluente aprenda a controlarlo y que eso no le interfiera en su vida cotidiana”, ya que hasta ahora las
investigaciones en fármacos arrojaron resultados poco prometedores. El tratamiento lo que hace es brindarle “técnicas” al
disfluente que le permitan “controlar su tartamudez, es decir, hablar en forma más fluida”. La idea es ayudar a “producir el sonido más suave y a tener fonación continuada”.
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Cómo ayudar a niños a superar la tartamudez
por Noemí Miranda (publicado en el diario La Tercera de Chile)
Este problema del habla, también conocido como disfluencia patológica, puede detectarse a temprana edad. Con ayuda de un experto y el total compromiso de la familia, es posible lograr que un menor desarrolle estrategias para que su comunicación sea totalmente fluida.
Durante ocho años, James Earl Jones -el actor que prestara su voz para personificar a
Darth Vader en La Guerra de las Galaxias- no dijo una sola palabra. Durante su adolescencia, enamorado de las artes dramáticas, comenzó a recitar a campo abierto y a solas las obras de
Shakespeare. Hoy es uno de los personajes más citados para mostrar que la tartamudez se puede superar. Su caso no es el único:
Bruce Willis, el hombre duro del cine, también tartamudeaba
y lo superó a través de la actuación, y Marilyn Monroe creó su carismática forma de hablar cuando descubrió que le permitía controlar las repeticiones y conversar fluidamente.
Un caso menos conocido pero igualmente digno de elogios es el del doctor
David Shapiro, experto en Patologías del Lenguaje de la U. de Western Carolina (EE.UU.) y autor de
Intervención sobre la tartamudez. El médico comenta a La Tercera que "fui incapaz de hablar durante 20 años debido a una
tartamudez severa. Después de dos décadas de silencio y con ayuda de terapeutas logré salir
adelante. Shapiro entrega una serie de recomendaciones parea padres con niños que presentan esta condición.
Raíces genéticas
La tartamudez, o disfluencia patológica, es una condición que tiene raíces genéticas y neurológicas. La experta en problemas del habla
Andrea Bruna explica que "entre los dos y los cuatro años, cuando los niños adquieren en forma exponencial una vasta cantidad de palabras y conceptos, puede darse cierta
disfluencia en forma natural. Es el momento en que los padres deben prestar atención -sin decir nada al niño- y pedir orientación de un fonoaudiólogo, quien les dirá si deben o no llevarle al menor". Esto en el caso de que el niño presente repeticiones en las palabras
(ta-ta-ta-rro), prolongaciones (sssssopa o mmmamá), interjecciones (el niño fue-fue-fue a jugar) o pausas (quiero el [pausa] auto o quie[pausa]ro el auto).
No decir nada al niño
Si un experto ha diagnosticado algún grado de disfluencia, dice el doctor
Shapiro, y si se trata de un menor en edad preescolar (dos a cinco años) "es indispensable que los padres no digan nada al menor ni llamen su atención sobre un problema del cual quizás aún no se ha dado cuenta". Al llamar la atención del niño sobre su
disfluencia sentirá que hay algo malo o incorrecto en su forma de hablar, lo que agregará una tensión innecesaria y hará que esté pendiente de cómo va a decir cada palabra.
Hablar con calma
Los padres y los hermanos son el modelo más importante de comunicación verbal que tiene un niño. Por ello, los expertos recomiendan que al jugar con el pequeño los adultos controlen su tono de voz, hablarle con mucho cariño y en forma muy pausada, modulando e hilando con claridad las palabras. El niño tenderá a imitar la forma en que hablan sus padres, reduciendo los episodios de
disfluencias.
No preguntar demasiado
Andrea Bruna destaca que los niños se angustian si es que los padres les hacen demasiadas preguntas sobre sus actividades diarias: "Para lograr que el niño converse en forma natural, los papás deben situarse a su altura, sentarse en el suelo, por ejemplo, contarle al niño las cosas que ellos hicieron en el día y preguntarle en tono muy cariñoso qué hizo él". Luego, proponer actividades y dejar que el niño vaya decidiendo los juegos, poniendo las reglas y guiando su desarrollo.
Refuerce la fluidez
Cuando el niño ya está en etapa escolar, refuerce y felicite aquellos momentos en que habla con fluidez. El menor siente que está haciendo algo bien y desea seguir haciéndolo, por lo que quizás encuentre sus propias técnicas para hacerlo. Ayúdelo a descubrir en qué momento comienza a perder fluidez para saber qué factores alteran su habla. De esa manera, podrá controlarlos con ayuda de su
fonoaudiólogo.
Nunca interrumpa
La experta Andrea Bruna explica que uno de los peores errores que los padres cometen es terminar lo que un niño está diciendo: "Cuando vienen a conversar conmigo y noto que hacen eso, les pido que piensen cómo se sentirían si hubiesen elaborado un proyecto súper difícil para presentarle al jefe y cuando lo están mostrando y van a llegar a la parte entretenida, un compañero que hizo una parte menor termina de contar la idea. Es este último el que termina recibiendo la atención y las felicitaciones". De esta forma, la experta grafica la impotencia que siente un niño cuando trata de decir lo que está pensando y alguien habla por él. El doctor
David Shapiro agrega que "el efecto de las interrupciones puede incluso llegar a agravar un cuadro de
disfluencia, ya que el niño estará pendiente de no tartamudear
para que no lo interrumpan. Al hablar por él, los padres le están restando importancia a su esfuerzo y le quitan motivación para que siga superándose".
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BIOLOGIA
de Helena Curtis,
Sue Barnes
(1560
págs, 7ta.edición)
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[ver más en textos
universitarios...]
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¡Mafalda
cumple 40 años!
TODA
MAFALDA

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(660 págs. encuadernado)
Creador
de un éxito de magnitudes insospechadas con Mafalda
, los dibujos de Quino
se publican hoy en los principales diarios de Europa y América
latina y los libros en los que periódicamente recopila sus
chistes aparecen simultáneamente en Argentina, España, México,
Francia e Italia. El humor
de Quino, según sus propias palabras, es más un medio
para despertar una mirada crítica que un fin en sí mismo. Contiene de la primera a la última tira + Mafalda inédita
+ Mafaldas (casi) privadas + Mafaldas Públicas + Mafaldas
inéditas = Toda, pero toda toda Mafalda. [pedir]
[ver más en Quino...]
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ESTO
NO ES TODO
de Quino
(528
págs, edición 2001, encuadernado) 
[pedir]
[ver más en Quino...]
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colección Hojas de Ruta,
3er.volumen
EL
CAMINO DE LAS LAGRIMAS
de
Jorge
Bucay (224
págs.)
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Jorge Bucay
sostiene que
no hay posibilidad de seguir adelante en el camino, de
realizarse como persona, de ser felices, en tanto no somos
capaces de dejar aquello que ya no está y nos propone, recorrer
varias etapas en este proceso que constituyen un esquema,
cuyo primordial objetivo es la invitación a la reflexión. Los
duelos y las pérdidas son parte del desarrollo madurativo,
imprescindible para poder conquistar el espacio mayor del propósito,
nuestro próximo camino. [pedir]
[ver más en Jorge Bucay...]
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autores argentinos
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* José Hernández
* Roberto Fontanarrosa
* Silvia Freire
* Jorge Luis Ferrari
* Sergio Sinay
* Jorge Bucay
* María Elena Walsh
* Quino, Joaquín Lavado
* Marcos Aguinis
* Domingo Faustino Sarmiento
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