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Martín
Fierro
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MARTIN
FIERRO ilustrado por Fontanarrosa
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José Hernández
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(192 págs.$45.00
ilustrado por
Roberto Fontanarrosa)
Mire
que son fieros los indios. No fieros de fealdad, sino fieros de
ferocidad: meten miedo cuando se vienen encima a caballo, lanza
en mano. Los gauchos, en cambio, salieron más tristones, como
caídos o cargados de hombros. Fierro es renegrido e
hirsuto, los ojos hundidos por la tristeza, la añoranza de la
tierra y de la china, y en el final de la Ida (“males que
conocen todos pero que naides contó”), ya al filo de la
Vuelta, se le escapa una lágrima furtiva.
Para el Martín Fierro que acaba de publicar De la Flor,
Roberto Fontanarrosa
imaginó un mundo en blanco y negro (al color se lo agregaron por
computadora) y si bien argumentó no tener un buen manejo de
color, podría deducirse que el mundo de Martín Fierro es
esencialmente blanco y negro; el color, en todo caso, le agregó
una intensidad que tampoco le viene mal. La lectura de
Fontanarrosa es la de Martín Fierro como relato de
aventuras más que un catastro de desgracias o el texto de
denuncia contra las levas forzadas de gauchos hacia la frontera
que Hernández concibió allá por 1872. Hay bandos y
contendientes, como en la versión de La Ilíada que abre su
desopilante Los clásicos según Fontanarrosa, de una
guerra que sucedió hace tanto que se hizo primero leyenda, luego
mito y finalmente parodia, perdiendo fuerza pero ganando en
humor. (“¡Ulises! ¡Hijo de Laertes! ¿Piensas que éstas son horas
de llegar? Toda una mitología esperándote”, dice Penélope en el
comienzo de la versión de La Odisea. Y Ulises (fecundo en
ardides) responde: “Penélope, con tu bolso de piel marrón y tus
zapatos de tacón y tu vestido de domingo... luengas son mis
aflicciones desde que dejara la bien murada Troya”.) Eso les
pasa a las grandes épicas, como Lugones quiso a Martín Fierro.
No sucede lo mismo en este Martín Fierro, primero porque
obviamente no son los clásicos según Fontanarrosa sino el
original según José Hernández. Lo de Fontanarrosa
es un comentario gráfico, una glosa abierta y sin escenas
obligatorias; una versión increíblemente libre de casi todos los
sentidos que se le atribuyeron a Martín Fierro desde el
Centenario en adelante, cuando las lecturas de Lugones y Rojas
lo convirtieron en la épica nacional, o tantas otras lecturas lo
volvieron entelequia y ser nacional. No hay pesadez ni gravedad
aquí. Tampoco parecen pesar demasiado los Martín Fierro
dibujados con anterioridad (Castagnino y Alonso
por citar los más difundidos y prestigiosos). Nos animaríamos a
decir que Fontanarrosa no ilustró Martín Fierro
sólo desde su calidad de dibujante sino desde sus valores de
escritor. Hay algo levemente paródico en estos dibujos y hasta
un subrayado humorístico en los cartelitos que explicitan “pava”
o “facón” o “ave solitaria”. Pero también está el trazo seguro
para eso que señalábamos al comienzo: la ferocidad del indio, la
reconcentración del gaucho, la desolación de los perros flacos,
en fin, eso que aunque pasen los años y las mitologías se
degraden, siempre será parte inherente al espíritu de Martín
Fierro: denuncia y contundencia. Siempre me pareció que
Inodoro Pereyra –inspirado en o salido de Martín Fierro–
funcionaba un poco como el Fausto de Estanislao del Campo: el
momento lúdico y gracioso en el cual la gauchesca se vuelve
sobre sí misma y se mira vivir; el momento cuando el solemne
Fausto se convierte en Don Fausto, acriollado. Inodoro
era posible porque hace muchos años había existido aquel remoto
pariente Fierro. Y ahora este Fierro ilustrado se
vuelve posible porque existe don Inodoro, con su
indolencia y su conciencia de ser un gaucho en estos tiempos de
ser urbanos. Como sea, y sin aparente intención canónica,
este Martín Fierro ilustrado por Fontanarrosa
viene a sumar otra lectura a la larga lista. El trazo es moderno
e irónico, como lo son el Fausto e Inodoro Pereyra, y
detrás de eso que parece leve trasunta cierta negrura de blanco
y negro a pesar de que vivamos en tiempos de colores... No sé si
he sido claro. Claudio Zeiger (Página 12)
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MARTIN
FIERRO
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de
José Hernández
(120 págs.$48.00
ilustrado por Carlos
Alonso)
El
poema Martin Fierro, publicado en 1872,
participa simultánea y alternativamente de lo épico y de lo lírico.
No es tan sólo la prédica del político ni tampoco una
versificación de sus ideas, aunque es cierto que José Hernández
se propuso denunciar los abusos de la sociedad de su época. Al
describir la figura del gaucho desertor y matrero sin
atenuar su condición, explicando con claridad las
circunstancias que lo habían reducido a esa situación, Hernández
logró un resultado que fue más allá de su objetivo inicial.
Por la fuerza expresiva de su lenguaje, rico en imágenes y
comparaciones tomadas de la realidad, la historia de las
desventuras de Martín Fierro se incorporó a la tradición
popular y se convirtió, pese a las imperfecciones que puedan
atribuírsele y debido al genio literario que la anima, en el poema
nacional por excelencia.
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EL "MARTIN FIERRO"
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de
Jorge Luis Borges
(118
págs.$10.00)
"En
cenáculos europeos y americanos he sido muchas veces
interrogado sobre literatura argentina e, invariablemente,
he respondido que esa literatura (tan desdeñada por
quienes la ignoran) existe y que comprende, por lo menos,
un libro, que es el Martín Fierro. Justificar esa primacía
es el fin que estas páginas se proponen". [pedir]
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MARTIN
FIERRO
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de José
Hernández
(120 págs.
$14.00)
Esta
edición lleva un prólogo de Jorge Luis Borges e ilustraciones
a pluma de Alberto Güiraldes. En la tapa: Un gaucho,
grabado a partir de una fotografía tomado de Mary Hield,
Glimpses of South America, Londres, 1882. En la solapa: José
Hernández, dibujo a lápiz de Alberto Ciupiakela. [pedir]
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